Octubre llega a nuestro valle con el cielo recién lavado. Las lluvias del verano se despiden despacio y dejan al campo todavía verde, la roca del Tepozteco, oscura de humedad, y un aire tan limpio que parece no existir. Estas son cuatro razones para venir a Tepoztlán antes de que termine el año.
Después de una noche fresca, la niebla se queda suspendida entre los árboles del Valle de Atongo y el Tepozteco aparece por partes, primero una cresta, luego una pared de roca, hasta que el sol la disuelve a media mañana. Es la hora de salir con un café caliente, caminar por el jardín de La Buena Vibra con la hierba aún mojada o desenrollar el tapete de yoga antes de que el día arranque. Y quien madruga recibe el valle en su versión más callada, con los pájaros como único sonido.
Hay una flor que anuncia el otoño en Morelos. El pericón, yauhtli en náhuatl, o flor de Tláloc, florece en los campos a finales de la temporada de lluvia, en ramilletes amarillos con aroma a anís. La víspera del 29 de septiembre, día de San Miguel Arcángel, las familias morelenses tejen cruces con sus flores y las colocan en puertas, ventanas, milpas e incluso en los coches¹. La tradición dice que esa noche el demonio anda suelto y que solo lo que está enflorado queda bajo la protección del arcángel. Muchas de esas cruces se quedan en su lugar hasta el Día de Muertos, secándose al sol, y caminar por Tepoztlán en octubre es ir leyéndolas de puerta en puerta.
Noviembre abre con la celebración más íntima del calendario mexicano. Las ofrendas se levantan en casas, comercios y plazas con flores de cempasúchil, veladoras, papel picado y la comida favorita de quienes ya se fueron. En La Buena Vibra la temporada entra por la cocina, con pan de muerto recién salido del horno, y por las ofrendas que montamos en honor al pueblo que nos rodea. Es una fiesta para acompañar con respeto. Se visita, se observa y se pregunta, porque cada ofrenda guarda la historia de una familia.
Al caer la tarde, el otoño se siente en la piel. Los días siguen tibios, pero las noches piden suéter y conversación alrededor de la fogata. Y el cuerpo pide calor. El sauna, el vapor, el jacuzzi y un masaje de tejido profundo en Nirvana Spa devuelven a su sitio los músculos que caminaron el valle por la mañana. Por la noche, participar en una fogata de leyendas es imperdible.
El otoño dura poco en el valle. Entre la última lluvia de octubre y el primer frío de diciembre hay unas cuantas semanas en las que Tepoztlán se muestra con otra luz, más quieta y más suya. Reserva tu estancia en La Buena Vibra y ven a verlo de cerca, con la niebla de la mañana y el pericón aún en las puertas.